LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: UNA BELLA Y ÚTIL VARA DE APOYO O UNA SERPIENTE VENENOSA

Por Tomás Gómez Bueno

La Inteligencia Artificial (IA), con todo su encanto, su deslumbrante conocimiento y su eficacia creciente, no deja de ser una intrusa: bella, atractiva, pero también presumida, rebelde y respondona joven que irrumpe en un mundo que aún no sabe cómo tratarla. Esta audaz chica por amigable y útil que nos parezca, necesita vigilancia y límites. ¿Cómo ponerle límites a esta criatura del intelecto humano?

La mejor manera de “meterla en cintura” desde la Filosofía y la Teología, dos saberes milenarios que han caminado de la mano con un tercer acompañante esencial: la Ética. Esta última, centrada en el análisis de los conflictos morales y los principios que deben regir la conducta humana: Es el freno necesario ante los excesos de lo técnico.

Hoy más que nunca se nota un resurgir del pensamiento filosófico, especialmente en su dimensión ética, desde universidades, centros académicos y espacios de reflexión. La ciencia, en su autonomía, pareció desatender por un tiempo la voz de la moral. Pero es la IA, en su arrolladora irrupción, la que ha comenzado a encender las alarmas.

Este «engendro» tan artificial como veloz, anda suelto y sin brújula clara. Nadie sabe con certeza hacia dónde se dirige, pero su poder y autonomía inquietan. Parece una criatura peligrosa, impredecible, sospechosa. Tan artificial es, que nos recuerda —con ironía— que fue obra nuestra, de los humanos.

Sin embargo, esta misma amenaza ha despertado una reacción saludable: una vigilancia renovada desde la sabiduría del ser, del pensamiento, de la moral. La Filosofía, la Teología, la Ética y la Estética —los saberes esenciales del espíritu humano— están de regreso, y con fuerza. Libros, conferencias, congresos, simposios y foros de reflexión están proliferando, en una suerte de defensa de lo humano frente a lo que se quiere establecer como posthumano.

Tecnología e inteligencia artificial: una vara en nuestras manos

Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara… (Éxodo 4:1-5).
Moisés enfrentaba una crisis de credibilidad. Tenía la oportunidad de liderar, pero carecía de confianza en sí mismo y temía no ser escuchado. La respuesta divina fue una pregunta sencilla pero poderosa: «¿Qué tienes en tu mano?».

Esa pregunta nos interpela hoy a nosotros, profesionales, técnicos, obreros del conocimiento y la acción. Estamos llamados a ejercer nuestro liderazgo con credibilidad, y esa credibilidad se basa, en gran parte, en nuestras competencias y en el uso adecuado de las herramientas que poseemos. En nuestras manos hoy, como la vara de Moisés, tenemos la ciencia, la tecnología y más que todo esto, la Inteligencia Artificial. ¿Cómo las estamos usando?

La IA, como aquella vara convertida en serpiente, genera temor. Como Moisés, tendemos a huir de lo que no comprendemos, de lo que parece desafiante o nos desborda. La orden sigue vigente: «Extiende tu mano y tómala por la cola.» Es decir, atrévete a dominar lo que temes, somételo a tu servicio, sin perder la perspectiva humana ni espiritual.

La tecnología y la IA no están para dominarnos ni para robarnos la esencia de lo que somos. Están para servirnos, para ayudarnos a ser más eficientes y humanos. No se trata solo de conocer e interpretar la tecnología, sino de aplicarla con sabiduría, buscando resultados que dignifiquen la vida y glorifiquen a Dios. La actitud correcta no es de sumisión ante lo artificial, sino de discernimiento y dominio.

Humanizar la tecnología

La vara en manos de Moisés se convirtió en instrumento de conducción, liberación y transformación. Así también debe ser la tecnología en nuestras manos: no un fin en sí mismo, sino un medio al servicio de un propósito mayor. No podemos permitir que nos absorba ni que nos deshumanice. Debemos establecer una relación equilibrada, responsable y crítica con ella.

«Tomarla por la cola» implica manejar la tecnología con prudencia, según la voluntad de Dios. Es actuar con valentía, dominio propio y sentido ético. La tecnología y la IA deben ser parte del brazo extendido de Dios, no para esclavizar, sino para liberar, no para dominar, sino para servir.

La Inteligencia Artificial, por muy bella y fascinante que parezca, sigue siendo una intrusa a la que hay que vigilar de cerca. Su futuro dependerá de nuestra capacidad para orientarla, dominarla y encauzarla desde los fundamentos de la Ética, la Filosofía y la Teología. Solo así podrá ser una herramienta de bendición, y no una serpiente que nos muerda. Solo así creerán, al ver en nosotros no solo dominio tecnológico, sino también sabiduría, humanidad y fe.

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